Magnífico ejemplo de rehabilitación sostenible y ahorro energético del Patrimonio Histórico de Madrid: Centro Cultural Daoíz y Velarde

 

Gracias al ciclo iniciado por la Fundación Arquitectura Coam, Cristina Beltrán Arquitectos ha tenido el placer de visitar el Centro Cultural Daoíz y Velarde de la mano de su autor: el prestigioso Arquitecto Rafael de la Hoz. 

 

Para los que no lo conozcan, Rafael de La-Hoz, es arquitecto por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. Desde hace dos décadas dirige su propio estudio de arquitectura, una firma muy activa con gran proyección internacional. Sensibilizado con la evolución de la arquitectura en la ciudad y el cuidado medioambiental, ha conseguido la máxima certificación sostenible (Certificación LEED PLATINO) en algunos de sus proyectos y numerosos galardones nacionales e internacionales. Entre ellos, el MIPIM Award, ‘al mejor edificio del mundo’, el Premio Obra Internacional de la Bienal de Buenos Aires o el premio American Architecture Award del Chicago Athenaeum (USA). Uno de sus proyectos más recientes ha sido nominado para el Premio de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea, el premio Mies Van der Rohe 2015.

 

 

 

A grandes rasgos, su arquitectura se caracteriza por la búsqueda de la innovación tecnológica. Y así, entre sus proyectos más importantes y su obra más reciente podemos encontrar: el Hospital ‘Rey Juan Carlos I’, el Campus Repsol, el Centro Cultural ‘Daoíz y Velarde’, el Aulario para la Universidad de Córdoba, el Distrito C de Telefónica, la sede de Endesa, el edificio ‘Pórtico’ y las Torres de Hércules en la Bahía de Algeciras.

 

Ubicado en el conjunto de los antiguos cuarteles de Daoíz y Velarde, el objetivo es, según su autor, preservar la arquitectura de este complejo que representa una buena muestra de la construcción industrial y cuartelaria madrileña. Partiendo de la idea de respetar la geometría general del edificio existente, así como la estructura metálica en diente de sierra y la fachada de fábrica de ladrillo, se vacía el interior de la nave que pasa a ser una envolvente para el Centro Cultural que se configura en dos áreas diferenciadas con accesos y circulaciones separados pero con una fuerte conexión visual y espacial y con la posibilidad de adaptarse a diferentes tipos de eventos.

 

 

 

Además se crea un espacio intermedio de separación entre la antigua nave y los nuevos usos que potencia el carácter del edificio existente y crea una zona de filtro y protección del exterior. Estos espacios intersticiales permiten establecer una conexión visual que propicia diferentes experiencias espaciales. Se crea un amplio espacio común en los accesos. Un lugar de convergencia, orientación y exposición que funciona como un ágora protegida, una extensión de la plaza exterior en el interior del edificio.

 

La cubierta, altamente tecnificada, es capaz de aprovechar la luz y la ventilación natural. En esta vieja nave industrial, antiguo cuartel abandonado, se ha llevado a cabo una rehabilitación sostenible teniendo en cuenta la eficiencia energética e integrando sistemas de captación de energías renovables. Por una parte, se ha respetado la fachada existente, de ladrillo, y la estructura de su cubierta construida con perfiles metálicos y, a su vez, se ha creado una nueva estructura de losas de hormigón, que se aprovechará para la climatización del edificio mediante su termoactivación.

 

 

 

Una de las curiosidades que nos contó Rafael es que la cercha existente y sus pilares metálicos quedaron suspendidos en el aire, mientras se fue construyendo el resto del interior del edificio, en lugar de desmontarla durante la reforma y volver a montarla.

 

En cuanto a los sistemas de calefacción y de refrigeración del edificio, se utiliza la geotermia como energía renovable, y el intercambiador tierra-aire como elemento de pre-tratamiento del aire primario de renovación. El gasto final en energía del edificio, contando con este tipo de sistemas de climatización, es muy inferior al que se produciría utilizando sistemas convencionales. El proyecto garantiza por tanto la continuidad del patrimonio arquitectónico de Madrid.